Si sus hijos son como las mías, que siempre prefieren andar descalzas en casa, les encantará esta idea que descubrí en la net... estaba queriendo hacer calcetines de polar para mis niñas... pero además quise que tuvieran esas gotitas como de goma en su planta para no sufrir resbalones en el piso... pues bien no más palabras y aquí está la idea que quiero compartirles...
Antes de comenzar, tendrás que aplanar la planta de los calcetines. Una forma sencilla de hacerlo es trazar la silueta de tus pies en cartón, cortar los moldes e introducirlos dentro de los calcetines. Esto te brindará una superficie mas fácil para trabajar.
Primero, fabrica tu pintura en relieve. Mezcla una parte de pegamento blanco con una parte de crema para afeitar (espuma). Agrega un par de gotas de colorante para alimentos si deseas un color diferente al blanco. ¡El cielo es el limite cuando se trata del color! Incluso puedes usar muchos colores diferentes para hacer diseños y patrones en los calcetines con un efecto artístico.
Segundo, usa un pincel para aplicar la pintura en relieve en la parte inferior de los calcetines. El cartón del interior evitará que la pintura se filtre a la parte superior del calcetín. Sé generoso cuando apliques la pintura. Entre más gruesa, más resaltará y más duraderas serán las áreas pintadas. Usa puntos, líneas o dibuja tu propio diseño.
Tercero, deja que la pintura seque. Mientras se seca, notarás que la pintura se expande. Una vez seca, será gomosa y espumosa y te dará un gran agarre en casi cualquier superficie resbalosa.
Sugerencia: Si no quieres fabricar tu propia pintura en relieve, puedes comprarla en la mayoría de las tiendas artesanales. Si es así puede que necesites aplicar calor a la pintura antes de que seque para que se hinche correctamente. Un secador funcionará muy bien para esto.
Pues bien ahora solo me falta cortar el polar y hacer calcetitas antideslizantes para las peques... espero les guste tanto como a mí
.
La bendición de tener tres hijas maravillosas... me ha dado la oportunidad de estar siempre creando cosas divertidas, únicas y deliciosas para ellas... hoy comparto algunas con ustedes.
24 de mayo de 2011
Como hacer calcetines con antideslizantes...
17 de mayo de 2011
Mantitas de Polar... mmmmmh que rico...
Hace tiempo que estaba rezagada en mis creaciones, así que no me queda otra que hacer algo... esta semana comienzo a hacer mantitas de polar para bebé... y como la caridad nunca deja de ser, haremos con las jovencitas del barrio mantitas para la sala de Neonatología del Hospital de Copiapó.
Para ello pondremos todo nuestro cariño... ya había hecho otras antes, la verdad es que son muy ricas... son livianitas y muyyy abrigadoras... ideal para este invierno.
Esta labor no sólo servirá a los bebés en su cuna... sino también a las jovencitas, quienes aprenderán a coser a máquina, y poner todo su talento en ello... además será una bonita experiencia de servicio.
La tela polar, es una imitación de la tela de lana. Está compuesta por fibra textil 100 por ciento poliéster.
Su característica más relevante, es que pesa poco en relación a lo que abriga.
La tela polar es un material tan noble que cualquiera lo puede usar... es suave y no necesita muuucha precisión... aunque en eso soy muy pero muy cuidadosa (soy perfeccionista en todo lo posible). La tela polar es muy utilizada en la confección de ropa infantil, ropa de bebé y para fabricar ropa para mascotas.
Se puede hacer de todo, no solamente ropa, por ejemplo, adornos, porta celulares, etc.
Pues bien a crear... esta tela dá para mucho...
Para ello pondremos todo nuestro cariño... ya había hecho otras antes, la verdad es que son muy ricas... son livianitas y muyyy abrigadoras... ideal para este invierno.
La tela polar, es una imitación de la tela de lana. Está compuesta por fibra textil 100 por ciento poliéster.
Su característica más relevante, es que pesa poco en relación a lo que abriga.
La tela polar es un material tan noble que cualquiera lo puede usar... es suave y no necesita muuucha precisión... aunque en eso soy muy pero muy cuidadosa (soy perfeccionista en todo lo posible). La tela polar es muy utilizada en la confección de ropa infantil, ropa de bebé y para fabricar ropa para mascotas.
Se puede hacer de todo, no solamente ropa, por ejemplo, adornos, porta celulares, etc.
Pues bien a crear... esta tela dá para mucho...
5 de abril de 2011
La encomienda... corto del cine
Cuantas veces haz soñado con un mundo nuevo... con algún regalo especial que darle a nuestro planeta... o simplemente tener una cajita mágica, que al abrirla cambie tu mundo.
Este es un corto animado, que te gustará, si lo vez con los ojos del corazón... aunque no los tenga... podrás ver el sentimiento intrínseco de este cortito: Delivery o La Encomienda.
18 de marzo de 2011
El Árbol que quería hacer música...
Buscando lectura para Noelia mi hija menor, encontré un sitio donde existe muchos cuentos de diferente índole (www.encuentos.com)... siempre es bueno apoyar la lectura en los pequeños, hacérsela interesante y mejor aún darles una lección de vida. Este cuento es muy bonito, nos explica como el propósito de nuestra vida está impreso en nuestro ser desde mucho antes de existir... aquí se los comparto.
El árbol que quería hacer música
De pronto, un día como cualquier otro, salió a la luz. Se enfrentó de tajo a los rayos del sol: cegadores, intensos, pero también tibios y reconfortantes. Brotó bostezando, con un bostezo largo de aburrimiento, de tedio y de resignación. Tanto estiró sus ramitas que alcanzó a empujar la tierra y logró salir un poco. Al sentir el aire en la punta de sus hojas se quedó quieto y temeroso. No duró mucho su timidez, pronto se acostumbró a ese nuevo panorama. En cuanto se repuso del golpe cegador del sol, miró con detenimiento ese nuevo mundo. Por vez primera, se fijo en el azul profundo del cielo y en las nubes acolchonadas que forman figuras al desplazarse con el aire. Vio muchos seres como él, algunos con flores de colores, otros grandes y robustos, pero todos quietos, en silencio, como si no fueran conscientes de la belleza que les rodeaba. -Que diferente es aquí arriba- pensó- Bajo la tierra todo es húmedo, gris, apretado y callado. Con un silencio que lastima. Se sorprendió cuando un gusano detuvo su andar para observarlo, siguiendo su camino unos segundos después con indiferencia. En seguida, conoció a las mariposas con sus alas maravillosas revoloteando traviesas y curiosas. Lo que más le impactó hasta quedar sin aliento, fueron los pajarillos. Primero sintió temor de ser aplastado, cuando uno pequeño llegó brincoteando cerca de él. Más, en cuanto abrió las alas y levantó el vuelo, se tranquilizó. Fue una visión majestuosa y espectacular. Apenas estaba recuperándose de esta impresión, pensando que esto era lo mejor y más esplendido que existía en el mundo, cuando el plumífero amigo se posó en lo alto de un árbol y comenzó a cantar…¡Qué espectáculo tan fantástico! Los trinos de la avecilla eran armoniosos y delicados, hermosos. Tanto, que la pequeña plantita sintió como se estremecía hasta su última raíz, provocando con ello que sus tímidas gotitas de rocío, humedecieran la tierra que lo sostenía. Contagiada por el derroche de belleza y deseando unirse al concierto, levantó con emoción sus 3 ramitas, haciendo un descomunal esfuerzo para emitir un sonido igual al de aquella criatura celestial, solo consiguió que con la sacudida una de sus hojitas se desprendiera de él. ¡Era inútil!. No tenía voz. Fue tanta su tristeza y frustración que a partir de ese momento, solo sintió melancolía. Comenzó a lamentarse por ese triste destino que lo obligaba a vivir anclado al frío cobijo de la tierra sin tener movimiento, ni voz, ni alas. Las otras plantas y árboles, al percatarse de lo que le sucedía, se burlaron de manera cruel. Lo llamaron loco e insensato, le hicieron ver que al pertenecer al reino vegetal, como ellos, lo único que podía esperar de la vida era crecer en ese metro cuadrado de tierra y permanecer ahí años y años, tal como correspondía a su calidad vegetal. Pero él no podía resignarse a vivir inmóvil mirando todo cuanto le rodeaba, veía su vida absurda sin sentido ni destino. No entendía por qué Dios lo había hecho parte de su creación siendo solo una insignificante planta. Encontraba consuelo a su desdicha en los pajarillos que iban y venían, a los que amaba entrañablemente; cuando oscurecía y la luna salía a iluminar el paraje en esas noches frías; el sentir el viento correr entre sus ramas era todo un placer, se quedaba arrobado escuchando el soplido silbante como un susurro que lo hechizaba; igual estaba la lluvia, no había ningún evento comparable a aquel en que todo comenzaba con las gotas cayendo pausada y rítmicamente: “plip - plas” con esa cadencia acompasada, uniforme, que iba aumentando de velocidad conforme avanzaba la tormenta, momento en que los truenos se unían avasallantes con su enérgica voz . Sin faltar en aquella sinfonía el viento con su efímero canto. Levantaba sus hojas que bailaban contentas en esa danza sin fin. Adoraba esa composición creada por la naturaleza con tal maestría logrando un efecto violento, fuerte, apasionado y ensordecedor, para luego, bajar la intensidad mientras los sonidos de los truenos se iban apagando junto con el viento que empezaba a callar hasta que solo permanecía ese “plip - plas” de las gotas que paulatinamente continuaban con su “Plip - plas… plip - plas” hasta que todo quedaba en medio de una calma total. Y así, casi sin darse cuenta creció y creció hasta que llegó a ser un gran árbol frondoso y fuerte. En su interior, continuaba suplicando a Dios consuelo, soñando sin esperanzas, sin doblegarse ante las burlas de los otros que seguían mirándolo con lástima. Una mañana, varios hombres llegaron montados en artefactos ruidosos y feos, que hacían al caminar un sonido plano y recurrente. Todas las aves, levantaron el vuelo presurosas, llenas de pánico. Bien sabían lo que sucedería después, lo habían vivido tantas veces, en esta ocasión, prefirieron huir, pues amaban al árbol noble y hospitalario que siempre estaba dispuesto a darles un refugio cálido entre sus ramas y hojas verdes, ahora presentían ese final tan doloroso. Los hombres ignorando la angustia de los animales del bosque, luego de examinar cada uno de los árboles que ahí se erigían, sacaron extraños aparatos cuyo ruido era ensordecedor, terrible, comenzando a talarlo a él, sin que el pobre pudiera hacer nada para evitarlo, y sin entender por qué lo estaban dañando de esa manera, fue sintiendo cómo el metal penetraba en su tronco, causándole un dolor intenso. Los demás árboles crueles, comenzaron a injuriarlo, a reírse de él: -Mira tonto, a donde te llevaron tus sueños vanos- le gritó un roble -Bravo, se llevan al loco- aplaudió el nogal -¿Qué no ves que hace música?- dijo un pirul. Todos comenzaron a carcajearse sin piedad, mientras el árbol aterrorizado sintió crujir su centro con dolor, desplomándose inevitablemente sintiendo cómo sus ramas se rompían con el impacto de la caída. Terminada la tarea, los hombres lo subieron en los transportes de canto monótono, plano y se lo llevaron para siempre de ahí. Desconcertado, pensó que aquello era su fin, terminaría secándose y moriría. Era tanta la tristeza que lo embargaba que todo se oscureció de pronto y ya no supo nada más de él. Cuando volvió en si, un hombre de ojos bondadosos estaba frente a él mirándolo, igual que los pájaros, comenzó a cantar mientras lo veía, con un sonido semejante al canto del viento. -Silba como el aire, pero armoniosamente como un pájaro- se dijo. Entonces supo que estaba a salvo con él. Tito, que era el nombre de aquel individuo bonachón, pasó una mano sobre el tronco mutilado, comenzó a acariciarlo mientras continuaba silbando.¡ Que suave se sentía aquello!. Y sin pensarlo más, se lo llevó con él. Pronto supo que aquello era la música que creaban los hombres, escucharla lo relajaba y le brindaba sosiego, además, Tito comenzó a untar aceites aromáticos sobre su tronco, que lo hacían sentir fuerte a pesar de estar separado de sus raíces. Por las mañanas lo sacaba al sol, cubriéndolo con una suave y cálida manta por las noches. Mientras trabajaba en él, le susurraba cariñosas frases, haciendo que el árbol sintiera que había valido la pena lo sucedido a cambio de haberlo conocido. Pasaron unas semanas, Tito lo lijó con firmeza y esmero, lo cortó, armó, pegó con cuidado y atención, le hizo algunas perforaciones que dolieron sólo al principio, después rellenó con pequeñas piezas de chapa de oro. Al final, lo barnizó, dibujo sus líneas, le untó aceite, grabó su firma al reverso, lo dotó de cuerdas al frente y lo guardó. Tomó otra madera finamente trabajada, aparentemente una vara frágil pero que en realidad era firme, tensó algunas cerdas unidas en sus extremos. Al quedar satisfecho, lo guardó con sumo cuidado en una caja aterciopelada, acojinada, muy cómoda y confortable, mientras le hablaba de una vida nueva llena de música y armonía. Ahí permaneció pacientemente por un buen tiempo, aguardando lo que estaba por venir, después de tanto ajetreo y cambios imprevisibles, hasta que, al igual que aquella mañana de primavera, vio por fin la luz, se estremeció cuando sintió sobre él las manos delicadas, hábiles de un hombre barbado y gentil que lo examinaba admirado. Con sumo cuidado y respeto, lo colocó sobre su hombro aprisionándolo con la barbilla, lo cobijó con su brazo y acercó el arco para hacer que lo inaudito sucediera. De manera increíble al deslizar las cerdas de la vara por las cuerdas que Tito le había colocado, el sonido más bello y armonioso que jamás había escuchado salió… de él mismo… ¡Qué prodigio!. Pero ¿qué había pasado? Si meses antes estaba enclavado a la tierra, inmóvil, con un destino que no lo hacía feliz, descontento con su situación de ser un cuerpo sin posibilidades de movimiento, inútil, mudo...añorando la venida de las aves, o del viento, o de la lluvia o de cualquier cosa que tuviera sonido, y ahora … de él salían esas armoniosas notas, de su alma brotaba todo aquello que deseaba expresar, de una manera sublime. ¿Qué tenían las manos de aquel hombre que con sus movimientos lograba esas cadencias, ritmos y tonalidades haciendo que de él saliera ¡MÚSICA!. A partir de ese día, el hombre barbado, llamado Ramses, y él fueron inseparables. El antiguo árbol trataba de entregarle sus mejores sonidos, y al mismo tiempo, se dejaba llevar por esas manos mágicas que lo guiaban y que a través de los vibratos lo hacían temblar de gozo y exaltación. Ciertamente, nunca tuvo las alas de los pájaros, ¡no hicieron falta!, con su nuevo compañero recorrió el mundo, participó en soberbios conciertos y recitales magníficos en los escenarios más bellos, en los tablados más prestigiados, en las coloridas plazas de los pueblos, en la paz de las iglesias, en el típico kiosco de muchas plazas, en cada teatro soberbio o modesto. Supo de ese sonido rítmico parecido a la lluvia pero que no moja ni provoca humedad: el de los aplausos eufóricos y cálidos que lo estremecían. Nunca olvidó su paraje ni su condición de árbol. Cada noche, después de haber sonado incansablemente, cuando lo depositaban en su estuche, decía una oración por las aves que lo introdujeron a la música, por Tito el laudero milagroso y bueno que lo ayudó a cumplir sus ilusiones, por Ramses, el compañero inseparable que le daba vida con sus manos virtuosas y que lo guiaba magistralmente para transmitir todo lo bueno que había en su alma en esa música lánguida y dulce que resonaba con el tañer de sus cuerdas, en donde se presentaban. El árbol que quería hacer música, vivió para hacer música y a través de la mirada amorosa de los que se aman, del pequeño que con entusiasmo grita, aplaude y baila, del anciano que se pierde en sus recuerdos evocando esa melodía que no escuchaba desde su perdida juventud, lleno de arrobamiento, con un llanto feliz que suena a bemoles y sostenidos piensa en que no importa cuan desierto ni desalentador parezca el panorama, solo se requiere tener un sueño verdadero, desear fuertemente con paciencia y sin doblegarse ante los que dudan, para que todo aquello que anhelamos se haga realidad.
Fin
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