Esta tarde he preparado un rico pan de molde, ya lo hemos comido todo... estamos en casa, extrañando a Nashy mi hija mayor que se encuentra en la playa... en Caldera, que ganas de ir y disfrutar de esta ciudad de puerto tan esquicita.
Me he acercado al blog para darle algunos toques, visitar mis blog preferidos y llenarme de ideas. Por ahora no he realizado manualidades, ganas no me faltan pero me he dejado llevar por los días de vacaciones de las niñas y les he dedicado todo mi tiempo.
Posiblemente vayamos a la Piscina con las Jovencitas de la Iglesia, estamos planificando esta visita para que resulte gratificante y muy especial para ellas. Es necesario a veces permitir que disfruten de espacios abiertos que les llene de energía y salud.
Ya pronto me pondré a trabajar y les mostraré lo que resulte... por ahora "descanzarrrr"
La bendición de tener tres hijas maravillosas... me ha dado la oportunidad de estar siempre creando cosas divertidas, únicas y deliciosas para ellas... hoy comparto algunas con ustedes.
1 de febrero de 2011
30 de enero de 2011
Para una tarde agradable en familia... algo sabroso, rápido y que nadie rechazará...
29 de enero de 2011
Hoy un día de sentimientos... que bueno que les pude escribir
ESTÁS...
Estás en el silencio, callado, dormido en un pensamiento.
Estás tan presente que llenas mi ser con tu ausencia.
Estás inmerso en mis latidos, fluyes y recorres mis sentidos...
tan parte mía que haz hecho senderos, surcos que se llenan de tu vida.
Estás en el soplo del viento,
tan fuerte, tan lento...
que aún un suspiro me lleva a tí... a tu encuentro.
Cecy Machuca
Desde hace tiempo que me dejo llevar por la escritura... a veces me viene, a veces la busco... ya habrá otro
Estás en el silencio, callado, dormido en un pensamiento.
Estás tan presente que llenas mi ser con tu ausencia.
Estás inmerso en mis latidos, fluyes y recorres mis sentidos...
tan parte mía que haz hecho senderos, surcos que se llenan de tu vida.
Estás en el soplo del viento,
tan fuerte, tan lento...
que aún un suspiro me lleva a tí... a tu encuentro.
Cecy Machuca
Desde hace tiempo que me dejo llevar por la escritura... a veces me viene, a veces la busco... ya habrá otro
El toque del Maestro... Cuento para el Alma
Ocurrió en París, en una calle céntrica aunque secundaria.
Un hombre, sucio y maloliente tocaba un viejo violín. Frente a él y sobre el suelo estaba su boina, con la esperanza de que los transeúntes se apiadaran de su condición y le arrojaran algunas monedas para llevar a casa. El pobre hombre trataba de sacar una melodía, pero era imposible identificarla debido a lo desafinado del instrumento y a la forma displicente y aburrida con que tocaba. Un famoso concertista, que junto con su esposa y unos amigos salía de un teatro cercano, pasó frente al mendigo musical. Todos arrugaron la cara al oír aquellos sonidos tan discordantes. Y no pudieron menos que reír de buena gana. La esposa le pidió, al concertista, que tocara algo. El hombre echó una mirada a las pocas monedas en el interior de la boina del mendigo, y decidió hacer algo. Le pidió el violín, y el mendigo musical se lo prestó con cierto resquemor. Lo primero que hizo el concertista fue afinar sus cuerdas. Y después, vigorosamente y con gran maestría arrancó una melodía fascinante del viejo instrumento. Los amigos comenzaron a aplaudir y los transeúntes comenzaron a arremolinarse para ver el improvisado espectáculo. Al escuchar la música, la gente de la cercana calle principal acudió también y pronto había una pequeña multitud escuchando arrobada el extraño concierto. La boina se llenó no solamente de monedas, sino de muchos billetes de todas las denominaciones. Mientras el maestro sacaba una melodía tras otra, con tanta alegría. El mendigo musical estaba aún más feliz de ver lo que ocurría y no cesaba de dar saltos de contento y repetir orgulloso a todos: " ¡¡Ese es mi violín!! ¡¡Ese es mi violín!!". Lo cual, por supuesto, era rigurosamente cierto.
Un hombre, sucio y maloliente tocaba un viejo violín. Frente a él y sobre el suelo estaba su boina, con la esperanza de que los transeúntes se apiadaran de su condición y le arrojaran algunas monedas para llevar a casa. El pobre hombre trataba de sacar una melodía, pero era imposible identificarla debido a lo desafinado del instrumento y a la forma displicente y aburrida con que tocaba. Un famoso concertista, que junto con su esposa y unos amigos salía de un teatro cercano, pasó frente al mendigo musical. Todos arrugaron la cara al oír aquellos sonidos tan discordantes. Y no pudieron menos que reír de buena gana. La esposa le pidió, al concertista, que tocara algo. El hombre echó una mirada a las pocas monedas en el interior de la boina del mendigo, y decidió hacer algo. Le pidió el violín, y el mendigo musical se lo prestó con cierto resquemor. Lo primero que hizo el concertista fue afinar sus cuerdas. Y después, vigorosamente y con gran maestría arrancó una melodía fascinante del viejo instrumento. Los amigos comenzaron a aplaudir y los transeúntes comenzaron a arremolinarse para ver el improvisado espectáculo. Al escuchar la música, la gente de la cercana calle principal acudió también y pronto había una pequeña multitud escuchando arrobada el extraño concierto. La boina se llenó no solamente de monedas, sino de muchos billetes de todas las denominaciones. Mientras el maestro sacaba una melodía tras otra, con tanta alegría. El mendigo musical estaba aún más feliz de ver lo que ocurría y no cesaba de dar saltos de contento y repetir orgulloso a todos: " ¡¡Ese es mi violín!! ¡¡Ese es mi violín!!". Lo cual, por supuesto, era rigurosamente cierto.
La vida nos da a todos un violín, que son nuestros conocimientos, habilidades y aptitudes. Y tenemos libertad para tocar ese violín como nos plazca. Algunos, por pereza, ni siquiera afinan ese violín. No perciben que hay que prepararse, aprender, desarrollar habilidades y mejorar constantemente nuestras aptitudes si hemos de dar un buen concierto. Pretenden una boina llena de dinero, y lo que entregan es una discordante melodía que no gusta a nadie.
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